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Divulgación científica

Los genes artificiales

Los seres vivos hemos sabido ganar nuestro espacio en este planeta a base de una incesante transformación desde el origen de los tiempos. Ganarse el derecho a existir ha provisto al humano de una sabiduría natural que los científicos tomaron como base para crear sistemas artificiales inteligentes. La clave: usar genes digitales.

La evolución es un tema serio y que la naturaleza se ha encargado de diseñar. Claro que no siempre implica mejorar, pero sí cambiar en consecuencia de los hechos que suceden en el entorno. Así, Charles Darwin fue el primero en exponer este tema a la comunidad científica cuando publicó “Sobre el origen de las especies” en 1859. Como suele suceder con las ideas que se hacen famosas y se difunden a mansalva, terminó en boca de todos y un tanto distorsionada. Como dice otro conocedor del tema, llamado Richard Dawkins: “A pesar de su infantil sencillez (…) es, aún hoy, objeto de mala interpretación”.

Foto de Max Mishin: https://www.pexels.com/es-es/foto/evolucion-historia-museo-huesos-12227297/

¿Y cómo es eso que la evolución no es lo que nos dijeron? Sí y no. Al menos algunos científicos como Leonardo González Galli se han dado cuenta que muchos no entendemos bien lo que nos explicaron como evolución. El doctor en Ciencias biológicas y profesor de Enseñanza Media y Superior en Biología de la Universidad de Buenos Aires ha notado que solemos creer que el revolucionario Charles nos explica cómo un animal con capacidad de mutar puede adaptarse y sobrevivir. Pero la realidad es otra: nuestros genes tienen mutaciones azarosas y de aquellas algunas son terriblemente malas pero otras son geniales para sobrevivir. Entonces esos individuos favorecidos tendrán más probabilidades de prosperar y reproducir otros como él. Entonces en algún momento, si todo va bien, la mayoría en su población logrará compartir esas ventajas por una mera cuestión de herencia.

La idea de la evolución impactó tanto por su sencillez como genialidad. Así es que los expertos en sistemas inteligentes (comúnmente conocidos como especialistas en IA), decidieron en los años 70 incorporar esta estrategia entre las herramientas inteligentes. Paradójicamente, la propia idea sufrió una “mutación” en el medio. Reconociendo la superioridad de la naturaleza, se limitaron a tomar aspectos esenciales, y aquellas cosas que aún desconocían… pues simplemente las reinventaron de alguna manera práctica para los ordenadores. Nacieron entonces los llamados algoritmos evolutivos o genéticos. Por supuesto que en ellos hay genes, individuos, mutaciones y cruzas, aunque parece que matrimonio, viudez y divorcio quedaron fuera del espectro, ¿Será que los consideraron demasiados complejos?

Hay algunas curiosidades en este trasplante artificial del concepto evolutivo. Por ejemplo, el hecho de que un solo gen ya es un individuo completo. En la vida natural hasta los mosquitos tienen más (digamos unos 8), lo que por supuesto es mucho menos de los 46 que tenemos nosotros. Para divertirse basta con pensar que hay muchas formas de crear descendencia, en los que hay conceptos clasistas (solo se reproducen entre los mejores y entre los peores dotados); y otros un poco más superadores socialmente, con criterios que involucran a los menos dotados. También hay muchas maneras de sobrevivir en esta naturaleza digital: seleccionando al azar algunos pocos, prefiriendo con ciertos criterios a los mejores, o combinando un poco de todo.

En algún momento, un conjunto de personas supo tomar estas herramientas inteligentes y resolver cuantiosos problemas. Basta citar el ingeniero y amigo ya fallecido, Esteban di Tada, con quien hemos compartido largas charlas muy interesantes sobre cómo logró optimizar para una empresa de la Industria del acero, el corte de ciertos tipos de moldes en planchas de material usando algoritmos genéticos. Claro que también hubo algunas personas un tanto confundidas que pretendieron colorear estas técnicas ingenieriles con tintes religiosos y se rasgaron las vestiduras creyendo en peligro a su Dios, y hasta prohibiendo (por increíble que parezca) la enseñanza de este tipo de algoritmos en claustros docentes.

Por supuesto que una genialidad como la computación evolutiva no ha cesado en su uso. Hoy en día se usa en la ingeniería, y el diseño. Si bien tiene sus limitaciones, es una excelente alternativa para la resolución de incontables problemas.

Daniela López De Luise

Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires

Coordinadora Académica CETI

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